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Fortalezas historicas del señorio de Molina de Aragón

El origen de esta gran fortaleza se remonta a los árabes que, durante los siglos X y XI, lo construyeron sobre un antiguo castro celtíbero fortificado para la defensa y cercano al beneficio de las aguas. La pequeña corte morisca fue quien se asentaría en este castillo, con uno de sus jefes, Abengalbón, gran amigo del Cid Campeador, quien lo alojó en su camino de exilio a Valencia. Después de grandes disputas por el territorio, quedó Molina como parte integrante del reino de Castilla y su señorío entregado a la familia de los Lara. Fue así, que estos magnates constituyeron en Molina de los Caballeros, como al principio fue llamada la villa, un fuerte núcleo poblacional ayudado por la concesión de un fuero.

Durante los casi dos siglos de relativa independencia, la ciudad fue progresivamente edificada y cuidada por sus señores, quienes fueron añadiendo elementos al castillo, siendo finalmente doña Blanca de Molina quien terminaría de construir la fortaleza. A lo largo de la Baja Edad Media, predominó un constante esfuerzo de sus gentes por permanecer dependientes del Reino Castellano, pero durante seis años pertenecieron al Rey de Aragón, durante la guerra entre Castilla y Aragón (1369-1375) corta estancia de donde le viene su denominación actual. Tras haber servido de cuartel militar durante todo el siglo XIX, la fortaleza de Molina quedó vacía desde principios del siglo XX.

Castillo del Señorío de Molina de Aragón en Guadalajara

Castillo del Señorío de Molina de Aragón en Guadalajara

Las dimensiones de la fortaleza nos revelan la función no sólo defensiva, sino residencial, para la que este edificio fue levantado, el más grande y expresivo de cuantos quedan hoy la provincia de Guadalajara. Es la típica alcazaba bajomedieval en la que un ámbito amurallado muy amplio recoge en su interior la edificación militar propiamente dicha. Todo el conjunto se levanta sobre una fuerte cuesta orientada al mediodía. Desde la remota distancia, llegando a Molina por Aragón o por Castilla, sorprende lo airoso de su estampa. Sus dimensiones interiores son de 80 x 40 metros, lo que ya supone una grandiosidad desusada.

Los muros labrados en fuerte mampostería, tienen varios metros de espesor y de las ocho torres que llegó a tener el alcázar, hoy sólo nos han llegado cuatro, que se encuentran comunicadas entre sí por un adarve protegido de almenas, alrededor del conjunto había un profundo foso con algunos puentes levadizos. En los muros de las torres aparecen vanos de función diversa, donde encontramos desde simples saeteras o flecheras, a troneras e incluso amplios ventanales. Entrando por la llamada Torre del Reloj, el campo de armas o albacara es extraordinariamente amplio y alberga una iglesia de estilo románico de la que hoy puede verse completa su planta, y que en épocas remotas llego a albergar un barrio entero, en el que se incluía la llamada Cueva de la Mora. Es destacable también la presencia de una gran torre aislada que se denomina la Torre de Aragón, torre vigía del castillo, donde se ha habilitado un centro de interpretación.

Está habitualmente cerrado a las visitas, solamente puede contemplarse su interior adecuadamente, durante las explicaciones de las visitas guiadas, que a diario, el personal de la oficina de turismo realiza.

Castillo de Santiuste

El castillo de Santiuste se encuentra en el término municipal de Corduente, provincia de Guadalajara, a unos  4 kilómetros de la población de Corduente.

Castillo de Santiuste en Corduente, Guadalajara

Castillo de Santiuste en Corduente, Guadalajara

Santiuste perteneció desde la época de repoblación al Común de Molina y era un poblado que con el tiempo quedó reducido a caserío, pero en 1410 lo adquirió por compra, en señorío, D. Juan Ruíz de Molina, o de los Quemadales, apodado el Caballero Viejo, quien en 1434 consiguió un privilegio del Rey Juan II, por el que obtenía la facultad de edificar una Casa fuerte con cuatro torres alrededor, así de piedra como de tapia tan altas como quisiéramos, con almenas a pretil, e saeteras e barreras para, de ese modo, colaborar en la defensa contra Aragón. Este castillo pasó luego al mayorazgo familiar, del que más tarde se constituyó el marquesado de Embid.

El edificio se encuentra construido sobre una falla, y como consecuencia del terremoto de Lisboa (siglo XVII) las torres y fachadas se agrietaron, lo que propició el desplome de la torre noroeste a finales del siglo XX. En el siglo XIX, con las Guerras Carlistas, las almenas de los torreones fueron demolidas y sustituidas por cuatro tejados a dos aguas. Afortunadamente su propietario lo está restaurando desde hace bastantes años.

Efectivamente, el caballero molinés levantó su castillo, de planta cuadrada con casa-fuerte defendida por un recinto, exterior protegido de desaparecidos muros y torreones esquineros. Las estancias interiores se desarrollaban alrededor de dos patios que se dividían entre ellos por un muro medianero que aumentaba la capacidad de defensa al no poder tomar el edificio entero de una sola vez en caso de asalto.

Se trata de un castillo con misterio. Os dejamos más información sobre el misterio que rodea a este maravilloso y enigmático lugar.

En la actualidad, el visitante se presenta ante una fortaleza medieval que da la bienvenida con la fachada principal orientada a Oriente, formada por un arco de medio punto de gran dovelaje sobre la que se halla el escudo de los Ruiz de Molina, cuyas armas eran dos ruedas de molino en campo azul. A cada lado del escudo un santo ya borroso. Esta construcción es un bello ejemplo de casa fuerte señorial castellana del siglo XV, mezcla de ostentación con arquitectura de propaganda y elementos defensivos reales y fingidos. Su valor defensivo es más bien bajo.

Es de propiedad privada y se usa como vivienda. También se usa para comidas y cenas medievales para grupos y empresas. Para visitar el interior hay que contactar previamente con el propietario a través de la oficina de turismo de Molina de Aragón o a través de Promociones Turísticas Castillo de Santiuste S.A.

Castillo de Zafra

El castillo de Zafra se alza sobre una gran roca en la Vega de Zafra, al este de la provincia de Guadalajara, entre Hombrados y Campillo de Dueñas. Es posiblemente uno de los castillos con mejor vista panorámica, ya que se encuentra a más de 1400 metros de altitud. Esta fortaleza fue construida entre el siglo XII y XIII y brindaba protección a la capital del Señorío de Molina.

La cultura del bronce y del hierro ha dejado sus huellas en algunos elementos de este castillo y en las proximidades del castillo, lo mismo que los celtíberos y romanos, los visigodos y los árabes que ya utilizaron esta atalaya rocosa. Los últimos fueron quienes elevaron parte de lo que sería luego un castillo auténtico. Y aquí sin duda residieron los moros molineses (con sus reyezuelos sufragáneos del monarca taifa de Toledo) en los últimos años de su dominio del territorio.

La construcción actual data de la época de los árabes, del siglo XI. Más tarde, en la época de los primeros señores molineses, de la segunda mitad del siglo XII y primera del XIII, los Lara de Molina se prestan a consolidar su fuerza sobre uno de los territorios en los que su autoridad es total e indiscutida.

Castillo de Zafra, Vega de Zafra, Guadalajara

Castillo de Zafra, Vega de Zafra, Guadalajara

El principal suceso histórico acaecido en Zafra tiene mucho que ver con el destino de la dinastía de los Lara molineses. En el año 1222, el rey castellano Fernando III decidió castigar a los Lara cogiéndoles Zafra, y para ello movió su ejército poniendo cerco a esta fortaleza, en la que se refugió el Conde con su familia, su reducida corte y sus domésticos ejércitos. Durante unas semanas el Rey castellano presentó la batalla sin que el molinés pudiera hacer otra cosa que resistir en lo alto de su inexpugnable bastión. Cuando el cerco hizo mella en las reservas del molinés, éste finalmente se rindió, y mediante los buenos oficios de doña Berenguela, madre del monarca, ambas partes acordaron una salida al conflicto, conocida en los anales históricos como la concordia de Zafra, en la que se establecía que el heredero del señorío, el primogénito de don Gonzalo, quedaba desheredado (y así le llamaría luego la historia a Pedro Gonzalez de Lara), siendo proclamada heredera la hija del molinés, doña Mafalda, quien se casaría con el hermano del Rey, el infante don Alonso, y de este modo la intervención de la Corona de Castilla se hacía un tanto más efectiva sobre los asuntos del rebelde señorío de Molina.

En las guerras civiles del siglo XV, la fortaleza de Zafra siguió teniendo una importancia suma en la estrategia del control de aquellos territorios cercanos a Molina, siempre importantes por ser los caminos naturales de paso entre Castilla y Aragón. En el siglo XVI, se mantiene como un castillo de los más fuertes del reino, que contaba y asombraba a todos por lo difícil de su acceso, lo ingenioso de su entrada y la capacidad que en un determinado lugar, hoy desconocido para nosotros, pero quizás en el interior de la roca, tenía para albergar a más de 500 hombres.

Poco a poco fueron cayendo sus piedras, desmoronándose sus murallas, desmochándose sus torreones y borrándose los límites de sus cercas exteriores, quedando actualmente mínimos restos pero que nos dan idea de su distribución. En la pradera que la circunda solamente quedan mínimos restos de construcciones, que posiblemente pertenecieran a muralla de un recinto exterior utilizable como caballeriza o patio de armas. En lo alto del peñón aparece el castillo. Debe subirse a él por una escalera de madera que el actual propietario ha puesto para su uso. Hace unos años, la única forma de acceder al castro era a base de escalar la roca con verdadero riesgo. Sabemos que en tiempos primitivos, cuando los condes de Lara lo construyeron y ocuparon, Zafra tenía un acceso al que se calificó por algunos cronistas como de gran ingenio y traza. Una vez arriba vemos cómo se trata de un espacio estrecho, alargado, bastante pendiente. Queda hoy la torre derecha que custodiaba la entrada por este extremo. A mitad del espacio de la lastra, surgen los cimientos de lo que fue otra torre que abarcaba la roca de uno a otro lado, y que una vez atravesada, permite entrar en lo que fuera «patio de armas», desde el que se accede a la torre del homenaje, hoy reconstruida en su totalidad, a la que se sube a través de una escalera de piedra adosada al muro de poniente, y nos permite recorrerla en su interior, donde aparecen dos pisos unidos por escalera de caracol. Una escalera interior permite subir hasta la terraza superior, almenada, desde la que el paisaje, a través de una atmósfera siempre limpia y transparente, se nos muestra inmenso, silencioso, evocador nuevamente de antiguos siglos y epopeyas.

Es de propiedad privada, de don Antonio Sanz Polo, quien lo compró al Estado en subasta pública en Guadalajara y lo restauró parcialmente. El acceso al exterior es libre. Para ver el interior hay que pedir permiso a su propietario, en Plaza de España, nº 3, Molina de Aragón.

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Vía castillos.org, wikipedia.org y turismocastillalamancha.org. Fotografías Wikipedia. Vídeo: Miguel Angel Langa, Vimeo. 

 

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